Si dio clic al link pensando que esta sería una historia romántica, lo es. Siga leyendo.

En el mes más romántico del año, decidí empezar contando una historia. Es una historia bastante frecuente, romántica, con sus altos y bajos, con dos miradas y con un solo final (hasta que la innovación los vuelva a unir).

Mientras tanto, podríamos amenizar la lectura del artículo con este tema de Gianmarco, que por cierto tiene el mismo nombre:

Delante del vitral

Él/Ella solo pasaba por el lugar. Se topó con la colección de temporada, el producto que diferencia a la marca, el ambiente más único del centro comercial, fue amor a primera vista. Amor que entendía que lo que más importa es lo de adentro, que lo que la marca ofrecía era valor, valor que se sustentaba en cuánto se identificaba con el cliente. Se volvió habitual comprar ahí, era como una casa, se notaba cada mínimo cambio y se sentía seguridad por parte de Él/Ella por regresar a su hábitat. De pronto, se sintió muy clásico, lo que era trendy, ahora solo era vintage. Lo que funcionó en algún momento, lo que despertó tremendas emociones, ahora sólo era una nostálgica situación de consumo. Todo era más fácil. Nunca dejó de ser único, pero perdió el interés. Ahora otras marcas lo/la emocionaban. Todas tenían valor, todas tenían historias y se renovaban diariamente. Algunas se equivocaban constantemente, pero tenían el valor de aprender, más no conformarse con lo que en un instante tuvieron.

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Detrás del vitral

La marca estaba preparada para recibirlo/la. Se llenó de detalles y sorpresas, se vistió de tendencia para captarlo, para nunca dejarlo ir. Empezó a llegar, empezaron a llegar, uno por uno, cientos (quizás miles) y la marca se sentía completa; el propósito por el que luchaba, estaba siendo reafirmado. Se sintió endulzada por cómo enamoró a su cliente, que se comprometió a no cambiar, a ofrecer siempre lo mismo. No estaba mal, ningún competidor pudo igualar al producto, jamás, pero el mensaje (y propósito de la marca), se perdieron en el camino. Ya no hablaba a personas, hablaba a clientes potenciales. Dejó de brindar valor, para ofrecer un canje, donde la marca era la más beneficiada.

-fin de la historia-

En el punto de venta se generan amores: amores de verano (temporada), amores a primera vista (ofertas), amores duraderos (trendy/asociados a un estilo de vida), amores eternos (basados en propósitos). No todos los amores acaban, sino que una de las partes se acostumbra a ser mecanizado y solo de una de estas tenemos control los marketeros. ¿Seguimos hablándole al cliente? Cambiemos un poco la idea de CRM (para venderle más a los clientes actuales) por HRM(Human Relationship Management, para generar relaciones más humanas con las personas que defienden la marca).

Esta historia no tiene un final feliz. Sin embargo, el consumidor regresará cuando la marca reconozca lo importante que es regresar a ser humana.

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Soy Estefano Bullón y creé Alterbrand con la idea de que el valor de las marcas se basa en contenido. Escríbeme a ebullon@alterbrand.com


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