El empaque nuestro de cada día

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No hay día de nuestras vidas en nuestra sociedad de consumo que no interactuemos con empaques de productos.

Papel, plástico, vidrio o bits, los productos poseen un packaging o empaque inherente a su existencia, lo hayan o no diseñado previamente, aquello que lo transporta hará las veces de empaque con el que el usuario/consumidor interactuará antes de llegar al producto, originando así una experiencia relevante o intrascendente.

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Usaré packaging y empaque para referirme al soporte físico o virtual que transporta y/o presenta al producto o servicio en su primer contacto real con el consumidor o usuario iniciando lo que en Branding se conoce como “el momento de la verdad”.

Si el producto transporta los beneficios de la marca, el packaging transporta la identidad de la marca, es el arma en primera línea de batalla que genera una experiencia en la lucha por ocupar un lugar en las preferencias del consumidor.

El packaging anticipa lo que viene  dentro de sí. Debe describir tácitamente su contenido, su forma y color deben producir una sensación.

Hay empaques tradicionales que anticipan su contenido y cuyo valor simbólico es en ocasiones tan importante como el propio producto. En estos casos su forma no debe alterarse ya que poseen una ventaja ganada y la cual se debe aprovechar. Por ejemplo, un anillo de compromiso no sería el mismo si no viniera en una caja pequeña forrada de una clásica gamuza roja. Producto y empaque llevan consigo el mismo valor simbólico universal.

El packaging no es exclusivo de las grandes corporaciones ni de los presupuestos holgados, el packaging es una necesidad de toda marca, que desde el día cero debe buscar  en una forma creativa de impactar desde el ¡vamos! a su cliente/consumidor.

En esta tarea la innovación siempre será la fórmula para encontrar soluciones a un packaging diferente, procurando cumplir con requisitos mínimos para diferenciarse de las opciones del mercado o, como ya se mencionó, aprovechar las ventajas empaques tradicionales.

La doble función. Muchos empaques son usados tradicionalmente para más de una función, la más común, almacenar. Recordemos a nuestras abuelas usar las latas de panetón para guardar desde sus hilos y agujas hasta sus más preciados recuerdos familiares varios años después de saborear el acompañante confitado de nuestras navidades.

Los empaques lujosos. Muchas veces el packaging sirve como objeto de ostentación al confirmar el status del producto que llevó y justificando el precio pagado, haciendo difícil que el consumidor lo deseche de inmediato.

En nuestra era digital los software, y más recientemente las aplicaciones, cuentan con un packaging siempre presente en nuestros dispositivos, mostrándonos generalmente imágenes de personas felices usando sus productos digitales o murales coloridos, intentando así producirnos una sensación más humana que si pusieran un simple “cargando” o “inicializando”.

Si aún no cuentas con un packaging diferenciado puedes empezar con darle color y poner tu logo en la bolsa, caja o lo que uses para entregar tu producto. Luego Piensa más allá del primer uso del empaque y qué haría con él tu consumidor después de sacar o usar tu producto, así fluirán las ideas para convertirla en una herramienta más efectiva para tu marca. Es una buena manera de comenzar en el útil mundo del packaging.

 

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Autor Hugo Donayre

Soy publicista peruano, especialista en Branding y Marketing Digital. Brand Manager HD Media.

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